Hoy, a solo 500 metros de la Puerta del Sol paseaba a las tres de la tarde, he levantado la cabeza y he hecho esta foto. Ni un alma en toda la calle, o al revés… muchas almas y ni un solo cuerpo, más allá del mío.

Estar en la gran ciudad es tan engañoso como las redes sociales, donde puedes tener millones de amigos y no tener con quien pasar el día o la noche. La masa nos conduce por fuerza magnética a creer que allí hay algo bueno, algo que todos queremos, es el poder de la publicidad y la propaganda, el sumergirnos en la corriente de la masa. Hoy se valora y se contrata a influencers porque son capaces de arrastrar masas… y masas es lo contrario de lo individual. La masa no tiene pensamiento propio, sino inconsciente colectivo… hasta ahora.
Ya apenas las personas tienen descubrimientos propios, exploración, las personas toman eso como un esfuerzo y prefieren que otros vayan por delante, que otros les digan donde se toma el mejor solomillo o cual es el mejor restaurante vegano. No creen en su intuición, en su capacidad para discernir y ahí llegan las grandes empresas y manipulan y manejan la opinión de las personas haciendo fotos de la Riviera Maya como si solo fueses a estar tú, cuando en realidad vas a estar rodeada de gente en una playa masificada.
La información externa solo es fiable cuando se expone desde lo objetivo y desapasionado. Si hay intereses detrás, y casi siempre los hay, deberías escuchar esa información con prudencia y cautela.